Yo quisiera tener miedo…

Era un viernes sin rumbo y muchas opciones que respaldara el bolsillo, de esos que es mejor quedarse en casa descansando el hastío. Terminaba dos horas y media de Introducción a la Teoría de la Investigación de la Comunicación y mi reciente hallazgo su dosis quincenal de Comunicación Visual. Llovía a intervalos, los planes se desestimaban y sin proponérnoslo y sin muchas ganas, de mi parte, fiesta en casa de un amigo de mi diez años menor.

Una escalera, no muy alumbrada, tuvimos que sortear para llegar al tercer piso. ¡Qué manía la de los revolucionarios de no hacer sus construcciones altas con elevador! Tal parece una circular o un decreto que solo llevan este necesario aparato los mayores de doce. Los acordes introductorios de un PANTERA sobresaturado nos tomaban por sorpresa en la sala desprovista de multitud. El reducido grupo se concentraba en un pequeño balcón con vista a la avenida 31. Los rostros evaluativos de las chicas se me antojaban inofensivas, sin embargo, el personal masculino extendía la mano amiga en una onda más calculadora. Por suerte conocía al bajista del grupo HOT ZONE y el cigarro de los momentos tensos se evaporó en una charla diáfana, que sirvió para presentarme de alguna manera.

Me pusieron un vaso en la mano de una bebida apodada Bin Laden, en honor a ese afamado genocida, ya podrán imaginar los efectos, a corto plazo, que produce en el cuerpo tal brebaje. Se escuchaba en ese entonces el primer y contundente disco de los PRO PAIN, mientras decía el anfitrión, “guapería fula” y yo le respaldaba su criterio, mientras me daba un sorbo, con una mueca que durará en olvidársele. Éramos cinco tipos y a tres de ellos, incluyendo mi conocido, parecía no agradarle del todo lo que estaban escuchando. De repente dijo uno, el que tenía a mi izquierda, y aunque de tez oscura, lucía un moñito un tanto ajustado: “está enfermo, nos tiene oyendo lo mismo desde que llegamos”. No pude evitar reírme, aunque no entendía mucho, más tarde lo comprendí.

La conversación se perfilaba como lo más interesante de la jornada y decidí no negarme, ya el terrorismo etílico estaba desinhibiendo las barreras que te crea no ser íntimo de un grupo de personas, que se reúnen un viernes por la noche a olvidarse de las muchas y asequibles opciones recreativas que proporciona el estado cubano a la juventud. En ese entonces mi conocido le señalaba al anfitrión, que es un tipo de complexión obesa pero de un rostro noble, para el pulóver que yo llevaba puesto y le decía: “esa gente me cuadran cantidad” y otra vez volvía a ser el centro del debate, aunque éste me jodía un poco, por experiencias del pasado con un amigo fanático de NIRVANA, que casi siempre te trataba de convencer de que ese grupo era lo mejor del mundo e incluso llegábamos al punto de las ofensas, pero de una forma pacifica. Una cosa fue llevando a la otra y estuvimos hablando bastante tiempo de música.

El del moñito ajustado ya había dejado de ser un total desconocido para convertirse en un estudiante de primer año de Psicología y entre las tantas cosas que decía, aunque la mayor parte eran jodederas, introdujo con su recalcitrante demanda un tema que en la actualidad es una zona vedada para muchos. Él quería escuchar el primer disco de los PORNO PARA RICARDO “Rock para las masas cárnicas” y al rato se empezaron a escuchar. “El último disco no me gusta, es solo relacionado con la política e incluso lo musical se lo siente un poco”, así comenzaba el debate el anfitrión. Yo le miraba atentamente para no perderme un monosílabo de su espontánea exposición. Recuerdo que también dijo algo relacionado a la manipulación que está siendo objeto la obra de estos punkis cubanos en los medios miamenses y aquí las caras tomaban otra pigmentación, otra dimensión. Dijo también que el punk no tiene nada que ver con la política, aspecto éste, en que se equivocaba abismalmente y que luego traté de explicarle.

Hasta ese día no había tenido acceso a la última producción discográfica de los PORNO PARA RICARDO, tan solo a unos diez tracks que grabó el grupo, a modo de maqueta, para que el nuevo baterista se aprendiera los temas y que se propagó por toda La Habana con la celeridad de una mala noticia. Dos días después de la fiesta conseguí, mediante el trueque informático, todas sus grabaciones y pude escuchar detenidamente ambos discos: “Soy porno soy popular” y “A mí no me gusta la política yo le gusto a ella compañeros”. Sin lugar a dudas tuve un background más amplio de lo que hablaba el dueño de la fiesta. A titulo personal, este acérrimo fan de la banda, no estaba muy alejado de mis conclusiones. En realidad es un disco que, en gran medida, deja a un lado esa etapa de los PORNO como perspicaces cronistas sociales para convertirse en burdos reflejos de la realidad. Se ha perdido la magia y el modo de hacer de cortes como: “Marlen y Tatiana”, “Yo quisiera tener miedo”, “María”, “Trova con distortion”, aunque hay un par de temas, de este díptico, que tienen esta dinámica que tanto extraño como: “La libertad” y “Miren como nos hablan”. Se han desechado los textos inteligentes y bien logrados para sustituirlos por el abuso y reiteración de un lenguaje grosero y torpe, que lejos de elevarlos como la gran banda que es, los hunden en un peligroso círculo vicioso, donde el descrédito asoma. Por otra parte siento, que Gorki ha cedido, en demasía, el rol de cantante a Ciro, lo cual tiende a parecer que la agrupación se divide en dos líneas de trabajo. En realidad desconozco si la censura los ha obligado a plantear la composición de esta manera, pero en la concreta se observa otro esquema, otro planteamiento, que no es el de sus producciones anteriores, que no es el de la canción aguda, que penetraba sin barreras, el de los textos que dibujaban, cual muralista, lo que vivíamos a diario, que reflejaban, como una nítida instantánea, muchas de las temáticas la realidad roquera, el de la conjugación de neuronas y jodedera. Para nada demerito la labor de este excelente músico, pero creo que PORNO PARA RICARDO es una cosa y los proyectos en solitario de Ciro son otra, que no se deben contaminar, aun cuando muestren evidentes puntos en contacto.

“Haz que te la mamen bien”, escupían las bocinas del reproductor musical y dos de los presentes se disputaban el primer lugar cerca de los bafles, entre ellos el pichón de psicólogo, para junto con Gorki cantar el estribillo. El ambiente se notaba tenso, mi conocido prestaba atención a mis explicaciones con una leve molestia facial. Recuerdo haberle dicho más o menos algo parecido: “PORNO está haciendo lo que millones de jóvenes quisieran y tienen ganas de hacer y el problema es que todos estamos acostumbrados a esconder lo que pensamos y de alguna manera ellos lo están diciendo. Por eso hasta muchos “frikis” les están virando las espaldas, porque critican las actitudes y posiciones de los que venden la historia del rock y hasta de ellos mismos a los sakias de este país, a los que obedecen lo que dice el poder por puestos y beneficios. Lo más jodido del caso es que los grupos de rock están dando de lado a uno de los pasajes más bochornosos de la historia del rock, que junto con el cierre del Patio de Maria, son los últimos eventos que demuestran de la verdadera fibra del rock cubano y de lo que se entiende por el concepto de unidad.
Ellos son expresión del discurso de nuestra generación, que no se puede dar el lujo de darle la espalda a la diversidad de opiniones, a que escuchen lo que tienes que decir, aun cuando sea un criterio opositor al “sistema”. Acto seguido mi conocido se levantó y se incorporó al coro de otro tema del “pequeño engendro”, como lo bautizara el escritor holguinero Alex. J. Parra en su premiado cuento Marlén y Tatiana. Eso de levantarse e irse no me molestó, cada cual es libre de hacer lo que estime conveniente y rindo culto a una frase de Descartes, que es todo un tratado de la libertad de expresión que reza así: “detesto lo que dices, pero defiendo hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Que se levantara y se incorporara al coro me provocó una reflexión interna de pocos segundos. Recordé una frase, del ensayista venezolano Luis Brito que había leído hace poco en su libro El imperio contracultural del rock a la posmodernidad “En las épocas de crisis, el ciudadano, angustiado por las amenazas que se ciernen sobre su pequeño destino, acepta las soluciones autoritarias…” y no dejé de aceptar una vez más lo que le han enseñado al pueblo cubano a hacer cuando se encuentra en estas situaciones. Esto es típico del pensamiento posmoderno, que patrocina un nihilismo a ultranza, donde el individuo deja de luchar porque considera que ya no hay nada por lo que hacer, porque le han apagado las ansias. En este caso con el implantamiento de una cultura del miedo y el bombardeo de un discurso que cercena toda posibilidad de nadar en contra, de dialogo si no estás en la misma cuerda, sino tarareas la melodía que ellos te enseñaron. Recuerdo haber leído en un discurso de Fidel a los intelectuales en los albores de la revolución el siguiente axioma, “con la revolución todo en contra de la revolución nada”. La frase se explica por sí misma y definía la posición que los cubanos involucrados en la cultura debían tomar y acatar. Es válido aclarar que este ha sido el discurso de la revolución cubana. Este criterio ponía al descubierto la estreches de miras del gobierno y el nivel alto de sumisión de los intelectuales de la época, aunque años más tarde en la redacción de la constitución (1976) este criterio se oficializa en el capitulo cinco, inciso ch.

Este autor venezolano considera que “la única manera de construir un sujeto será destruyéndolo”, un poco en concordancia con Nietzsche y su idea de un individuo nuevo, capaz de cambiar la realidad existente. Y creo que en la sociedad cubana de estos días hace falta ese ser dialógico del que hablaba Paulo Freire en su artículo La esencia de diálogo, este autor brasileño cree y postula que “no hay palabra verdadera que no sea una unión inquebrantable entre acción y reflexión” que “los hombres no se hacen en silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión”. El individuo de este momento histórico debe ser capaz de expresarse y no hacer resistencia a la posibilidad de estar en desacuerdo, porque las revoluciones son eso: un constante ir y venir de ideas, en cualquier sentido, para que no prime el verso unidireccional sin cabida a la retroalimentación, para que no se censure la palabra, para que no prevalezca el discurso de una minoría, que centraliza en ese discurso el poder y dicta en lo que hay que creer. Para que no se le impongan cuotas al pensamiento y se le instruya en una única dirección.

“Yo quisiera tener miedo, yo quisiera pero no puedo”, otro estribillo, pero esta vez del tema “Estado tan loco” me devolvía a la realidad. Las chicas habían regresado de ir a buscar otra botella y el psicólogo desenfrenadamente cantaba esta canción, que es la que más me gusta de este disco. De alguna manera yo también la tarareaba y con mi vaso en alto le hacía saber, que es un corte “mágico”, como este muchacho insistía en catalogar a la música de este conjunto.

Su forma de manifestarse y la insistencia en escuchar a PORNO me introdujeron en otra aventura interior. Su espontaneidad por alguna razón me daba ganas de ir corriendo al ordenador y escribir. Su energía me contagiaba, me devolvía al sendero de la palabra que tiempo atrás consideré muerta en mí. Abrazaba fuerte contra mi cuerpo a mi reciente hallazgo y veía la realidad de otro modo, en párrafos y frases tachadas en amarrillo. Veía las discusiones que íbamos a tener mi hermano y yo por otro texto politizado, humanizado en mi opinión, a mi abuela despertándose a las seis para hacer el café y peleando para que me acueste y salga delante de la computadora, arguyendo que el sueño de la noche es el que alimenta, que a base de café y cigarro el cuerpo no descansa. Yo veía todo eso al contemplar a este sujeto que había acabado de conocer. Me irradiaba el espíritu perdido de los que hoy engrosan las filas de los roqueros capitalinos, pletóricos de la ideología del desentendido, de la dejación, de la apatía a soñar, de la vuelta a la enajenación, del desaliento y de muchas cosas más presente en los jóvenes de hoy; de la Cuba de hoy, de mi pueblo que en silencio transita por una renovada fórmula esclavista, que trabaja y que como dice Raimundo a quienes “todavía pagan con espejitos”.

La insistencia de este muchacho, que recordaba vagamente la carne rusa y los cartones de huevos por un peso, me hizo recordar a los roqueros de mi generación, que se agrupaban en las primeras filas del entarimado del Patio para cabecear con las bandas de rock de aquella época, que quijotescamente han llegado hasta hoy y son las mismas que promulgan aires de integración con las instituciones cubanas, que “exigen”, como me dijo Gorki en una conversación hace poco, la creación y el pertenecer a dichas empresas. Acaso no ven el juego y la manipulación a que van a ser objeto, acaso no conocen que los movimientos populares siempre han protestado contra las instituciones que quieren gobernarle la vida a la gente y dictarles cómo deben vivir, qué deben pensar y qué tienen que decir. Los movimientos promueven ideas, traen consigo una renovada mirada, otras lecturas de la realidad y sobre todas las cosas se imponen ante el pensamiento y saber anterior, entran en contradicción con lo que está en vigor. Acaso la situación actual de los PORNO no los pone a pensar o no quieren pensar. No ven que si no responden de alguna manera a los que mandan tú puedes ser el próximo vetado. Acaso no te da vergüenza que una banda de rock esté censurada y tú le sigues haciendo el juego a quienes los prohíben. ¿Dónde está la ETICA?, ¿Dónde está lo rebelde y contestatario del rock?, ¿Dónde estás tú como individuo?

¿Cuáles son las ideas del “movimiento” de rock cubano? ¿Qué es lo que demuestra qué es el rock cubano? Nada, tan solo un puñado de acomodados que solo les importa su bienestar y no el de los demás e ilustro, con dos ejemplos que ponen al descubierto el verdadero carácter del rock cubano y la doble moral de los roqueros, que deliran con la tan anhelada unidad. Para que me entiendan. Cuando la primera banda en Cuba, de las que actuaban en el Patio los fines de semana (AGONIZER), comenzó a cobrar por su trabajo utilizaba bandas teloneras, neófitas en algunos casos y otras con los mismos años de formados y hasta más. Nunca se compartieron las ganancias, a pesar de que tenían las mismas necesidades de cuerdas, instrumentos y llevaban los mismos años comiendo la misma tierra. Realmente nunca lo entendí. Hace poco COMBAT NOISE celebró su décimo aniversario y ZEUS les facilitó el toque, debido a que ninguna banda del cartel era profesional y si no perteneces a este status no puedes tocar en La Habana ¿El dinero a dónde fue? A los que pasaron el trabajo, a los que actuaron esa tarde. Inocente.

Estos tan solo son dos ejemplos tangibles, reales, que nos dan la medida de cuáles son las bases del rock de nuestro país. Triste que de lo que se predica no es precisamente lo que se practica. Por eso creo que el movimiento cubano de rock es una farsa y hoy más que nunca no veo la luz, como mismo no la veía Diógenes, uno de los más grandes cínicos de la antigüedad, confirmando el pensamiento de Marx que el hombre moderno vive aún en la prehistoria. No quiero ser parte de una subcultura que se integra a una cultura dominante, a un saber trasnochado y facistoide, que pierde su esencia, valores y se olvida del pasado con la facilidad de una eyaculación precoz. Me niego a ser parte del teatro del rock cubano, de ir al coliseo a ver como nos despedazamos entre nosotros mismos.

Por eso negaba de la posibilidad de que se acabara ese tema, quería que durara horas para no salir de ese estado, mientras todos danzaban a su manera y este muchacho se aproximaba y me incitaba a cantar una parte que decía así “soy un hijo malo, se quejan todos ellos, gastaron su dinero en enseñarme lo que quisieron, hacerme pensar lograron y hoy mi cabeza es libre por lo menos”. Las ideas me pasaban por la mente a la velocidad de la luz, sentía que esos momentos únicos e irrepetibles debían ser motivo de algún “material” como dice un amigo y eso he tratado, al menos las partes que el Bin Laden me permitió recordar y el sueño no venció. La parte en la que estas palabras se comprendan y se reflexionen aun espero que llegue. No se puede ir por la vida sin cuestionarnos lo que sucede a nuestro alrededor, e incluso dentro de nosotros mismos: La vida es un examen perpetuo. El rock cubano será un mejor lugar el día en que éste funcione, por una vez en la vida, como lo que debe ser un legitimo movimiento. No se mientan con frases que inundan los medios. La libertad no se pide se conquista.

Michel Sánchez

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